lunes, julio 10, 2006

Aquel loco viaje en subte

Lunes por la mañana. Resaca de un fin de semana en familia. Poca voluntad para el viaje hacia el microcentro y muchas ganas de hacer volar la mente.La estación semi-desierta, las ventajas de viajar fuera de los horarios pico. Ella se sienta en el andén a la espera del próximo tren. Pasan los minutos y no hay actividad. Los recuerdos de las charlas anteriores invaden su cabeza y la hacen abstraerse del entorno. La pollera que no llega a cubrirle las rodillas empieza a molestarla. la siente como muy larga, pesada, le resulta castradora. Es necesario hacer algo. Mira para ambos lados del anden, la soledad hace volar aún más sus pensamientos. El recuerdo de las palabras, cada vez más subidas de tono, cada una más específica que la anterior la hacen empezar a sentir... a sentirse. El ruido anticipa la llegada, las luces van tomando mayor intensidad. Los recuerdos se empiezan a volver borrosos y la realidad regresa con toda su crueldad.Ordenemosnos un poquito, y a levantarse. El problema es que el vagón viene casi completo, hay que pedir permiso para subir, como en tantas otras cosas de la vida. Nos franquean la puerta y ya está adentro. El pasillo es realmente algo caluroso, no hay espacio para nada... y encima todavía los recuerdos están volando por su cabeza, y el calor sólo hace que se vuelvan más fuertes. En un abrir y cerrar de ojos, una cara que le resulta familiar. Será su fantasía o es cierto que es él. Es prácticamente imposible, no hay forma en tiempo y espacio que lo permita, pero ahí está parado en el andén y a punto de subir al mismo vagón. Casualidad o causalidad. Que suba ya mismo.Ella cierra los ojos y mira en la dirección contraria, quiere sacarse ese imagen que no puede ser otra que un juego de su cabeza, una ilusión totalmente irreal. Sin embargo, pocos segundos después siente un contacto, quizás casual o quizás no. Después de unos segundos, de quedarse muy quieta, sintiendolo, presintiendo que era lo que ella creía que era, ya estaba seguro que no era algo casual.Giró la cabeza, sus ojos se estrellaron en una mirada que exudaba deseo. Era imposible. No podía ser él. Ya no era este el momento de pensar... y se dejó llevar. El roce de su pelvis era algo que le provocaba la aceleración de la respiración, no podía dejarse llevar así en estos momentos, la situación la estaba excediendo. El simple movimiento del subte hacía que sus cuerpos se frotaran con mayor intensidad, la humedad empezaba a hacerse muy palpable, tenía miedo que alguien lo notara, su lengua le recorría los labios deseando que su misterioso acompañante los devorara. El tiempo pasaba y la situación se hacía insostenible, algo tenía que hacer. Necesitaba terminar con esta situación o llevarla hacia el final. Decidida a tomarlo con sus manos y acabar con esto, giró bruscamente sobre sí misma. Sólo aire... no había nadie detrás suyo... El deseo, a veces, toma formas insospechadas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Guauu. buena historia con final inesperado. Me encantó

Anónimo dijo...

Ahora me intriga saber quien es ese usuario anónimo