Cambio de rumbo
Si durante meses y días estuve sin rumbo, o al menos sentí eso, creo que llegó el momento de decidir hacia donde apuntar la proa. Atrás voy a tener que dejar las playas paradisíacas y las promesas de veranos eternos. Sabia desde un comienzo que el viaje hacia esa especie de paraíso perdido sería turbulento, que habría que atravesar muchas tormentas y de diversa intensidad. Y creí estar dispuesto a eso.
Sin embargo, estoy en pleno giro de 180 grados, emprendiendo el camino de retorno. Este también va a estar acompañado de varias tormentas, sobre todo internas, pero hoy siento que es mi único camino.
Ya estuve mirando hacia el otro horizonte, llegué a vislumbrar algo de esas playas, pero el frente tormentoso que me quedaba por atravesar, o al menos el primero de ellos, logró calarme hondo y no me permitió seguir avanzando.
Agradecido desde lo profundo del corazón a los muy pocos que me acompañaron en esta travesía, algunos desde su silencio y otros desde sus acciones. Y principalmente, saber que jamás voy a poder olvidar a esa persona que me enseñó el otro camino, que me lo mostró, que me dió algunas indicaciones de cómo llegar... lamentablemente ese viaje no lo podíamos hacer juntos y supongo que eso hizo que la tormenta fuera aún más intensa ante mis ojos de navegante inexperto.
Uno nunca sabe cuándo se va a embarcar, creo que ahora lo importante es estar deseando realmente volver al puerto de siempre, y no anehalar indefinidamente las playas que, por ahora, no alcanzamos.
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