martes, octubre 03, 2006

Esperando a mi caracol...

Mi caracol más preciado, ese mismo del que hablé unas líneas más abajo, está metido en su caparazón más que nunca. Era previsible, lógico, digamos que inclusive hasta lo entiendo. El miedo nunca es buen consejero, pero que desata reacciones nadie lo duda.

Podría intentar hacerle los mimitos habituales en el caparazón, llamarla despacito por su nombre esperando que vuelvan a asomar sus antenitas, intentar que de a poquito vuelva a mostrarme sus ojazos.

Pero no, esta vez no. Ya fueron varias las veces que corrió a refugiarse en su caparazón, y tantas como esas las que yo corrí atrás de ella. Miles de palabras fueron de un lado hacia otro... muchas palabras pocos gestos.

Mi caracol dice que no quiere más mimos en el caparazón, que no quiere salir más corriendo a refugiarse, que los paseos por los verdes campos le encantaban pero que si esos paseos no pueden ser todos los días no sirven, que los atesorará como buenos recuerdos pero que tienen que empezar a ser eso: recuerdos.

Recuerdos tengo a montones, la gran mayoría de lo más lindos. Va a ser dificilísimo pasar estos tiempos sin mi caracol, su compañía me hacía mucho bien, y a pesar que a veces huía cada regreso se disfrutaba aún más.

Creo que llegó el momento de meterme un poquito dentro de mi propio caparazón, el mío es bastante distinto al de mi caracol favorito. No suelo usarlo muy a menudo, pero creo que esta es una de las mejores oportunidades. Lo voy a hacer con la única esperanza de creer que servirá para que en un tiempo pueda volver a pasear junto a él.

Sé que muchas veces chocamos nuestros caparazones, soy consciente que de seguir así íbamos a terminar los dos lastimados, hasta era probable que con alguno de los caparazones rotos... y eso nunca es bueno para un caracol que se precie de tal.

Por la salud de nuestros caparazones voy a refugiarme en el mío durante un tiempito, sé que ella está dentro del suyo y no quiere escuchar nada del afuera. En cualquier momento volveremos a asomar nuestras antenitas, nos miraremos a los ojos y terminaremos de encontrar el lugar de cada uno... mientras tanto, sigamos refugiados.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sos muy dulce cuando escribis